“Compartir el espacio con extranjeros, vivir cerca de ellos sin haberlos invitado y sufriendo su molestra presencia, es una circunstancia que a los habitantes de las ciudades se les hace muy difícil, tal vez imposible, eludir. La proximidad de los desconocidos es su destino; por ello es preciso ensayar, poner a prueba y (si hay suerte) descubrir un modus vivendi que permita hacer más agradable la convivencia, y más llevadera la vida. Se trata de una necesidad dada, no negociable; pero el modo en que pretendan satisfacerla los habitantes de las ciudades es una decisión que sólo les atañe a ellos. Y las decisiones se toman a diario: por activa o por pasiva, queriendo o sin querer, por voluntad propia o siguiendo maquinalmente la rutina; de común acuerdo o por simple adhesión al gusto general que está en boga, y que aún no ha caído en el descrédito”.
Zygmunt Bauman. Confianza y temor en la ciudad. Barcelona: Arcadia, 2006. (pàg. 28)